jueves, 15 de enero de 2009

Noche de Reyes, noche de misterio

Después de toda la Navidad esperándoles, por fin, cuando ya parecía que nunca llegaría el día, ¡llegaban los Reyes! Los primos Rodri y Laia dormían en casa de los abuelos, porque los Reyes no tienen la dirección de su casa, supongo. Muy prontito, los niños nos preparamos para irnos a dormir y lo dejamos todo listo: pan duro para los camellos, polvorones para los Reyes y los zapatos de todos frente a la chimenea (o dentro de ella, más bien) en riguroso orden de edad.



Todos los cartelitos con los nombres en el sitio correcto, no fuera a ser que los Reyes se equivocaran y a mí me trajeran una Nespresso, por ejemplo, y al abuelo una guitarra rosa.






Aunque, visto lo visto, seguro que el abuelo habría preferido que se equivocaran...


Ejem, sigamos con el relato... Fue una mañana fantástica, llena de sorpresas. Al principio me quedé un poquito bloqueada... tantos juguetes, tantos globos y tantos Sugus...



En fin, mil cosas. Entre mis favoritas, el delantal y el gorro de chef y la fregona con su cubo. ¡Estoy hecha una auténtica ama de casa!


Uf, ya he fregado toda la cocina y he hecho dos roscones. Me voy a dormir. ¡Cómo lo han puesto todo!

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