miércoles, 30 de junio de 2010

¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA!


Mamá, ¿y quién es España?



martes, 29 de junio de 2010

¿Bailamos?


Mamá y las tías siempre fueron muy teatreras... Dice mamá que lo mejor de ser cuatro hermanos tan seguidos es que se podía jugar casi a cualquier cosa sin necesidad de mil juguetes... En casa Ponte se llevaba mucho lo de los teatros y las coreografías... A veces, las tres niñas liaban al pobre tío Jaime, que se dejaba liar encantado... Hacían bailes y ensayaban y se peleaban y anulaban la función... y «se ajuntaban» otra vez y ensayaban más y volvían a pelearse... Elenita y yo ya hemos empezado a dar forma a... TRRRRR (esto es un redoble de tambor)... ¡el primer baile sincronizado de las hermanas PUPE POTE! Todavía no hemos elegido la canción. ¿Nos recomendáis alguna que os traiga algún recuerdo de infancia? Mamá vota SIN DUDA ALGUNA por «Querido Walt Disney», del mítico Parchís. Dice, por cierto, que el baile de ella y los tíos (porque en este en concreto participaba el tío Jaime) era muchísimo más chulo...


TRES ERAN TRES


Foto tomada por mamá, así, con el brazo todo estiradito

¿Dos bebés chinos?


Quién iba a decirme a mí, cuando EL BEBÉ CHINO era mi juguete favorito y Elenita no existía ni siquiera en la mente de nadie, que en poco tiempo tendría una hermana clavadita a él...

CANCELADO por enfermedad

Este fin de semana teníamos planes. Íbamos a ir a San Vicente a pasar el sábado y el domingo. En esta familia, la «ley de Murphy» se cumple a rajatabla siempre que hay por medio una escapada a San Vicente... No sabemos de qué lado cae la tostada, ni nos importa mucho... Eso sí, si tenemos previsto ir a a San Vicente, al final nos quedamos en casita... y, normalmente, enclaustrados porque la causa suele ser «por enfermedad».




No sabemos a qué se debe este episodio febril, acompañado únicamente por irritabilidad e incremento del llanto... A lo mejor estoy creciendo y nada más...

«Pelaos» de verano

Llega el calor y nada mejor que una melena cortita... Nos han cortado el pelo a las dos, aunque a Elenita no se le nota nada porque a la pobre le ha tocado tener ese pelo que nunca crece... Y en cuanto a mí... ¿dónde se han ido mis rizos?



A Chimito también le han dado su dosis de tijera...


La tortuga María

El viernes, al caer la noche, justo después de acostarnos, sonó el timbre de casa. Al abrir la puerta, mamá se encontró, sentadita en el felpudo, a la tortuga María... La pobre no sabía cómo había llegado hasta ahí y estaba agotada. Era la primera vez que mamá veía una tortuga... ¡fuera de su caparazón! Al principio, la tortuga María no podía ni hablar... le faltaba el aire. Con la lengua fuera, se abanicaba sin parar con su gorrita. Ese día había sido el más caluroso de todo el año... Mamá la invitó a entrar y le ofreció una CocaCola bien fresquita... La tortuga María se la bebió de un trago. Así fue ganando confianza y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba dándose un bañito de espuma en mi concha jabonera. Mientras mamá le frotaba la espalda, la tortuga María no paraba de hablar... Le contó a mamá que su casa era demasiado calurosa... «tenía que haber aprovechado esa oferta de aire acondicionado en el mes de marzo...»; que, con todos los objetos acumulados a lo largo de los años (y las tortugas viven muchos años), la casa pesaba un quintal... «y eso que el armario de caoba de la bisabuela ya está a buen recaudo en un guardamuebles y la bañera de mármol en venta en eBay...».


Esta historia increíble nos contó mamá cuando nos levantamos el sábado y nos encontramos una tortuga «deshabillée» en mitad de la mesa del salón... No nos lo podíamos creer... y, al final, nos lo creímos.




Mamá siempre ha creído que este tipo de historias contribuye a fomentar el desarrollo de nuestra imaginación. Pero esta vez, al ver que me lo había creído por completo --demostrando mi fe ciega en todo lo que mamá dice-- y que se lo contaba a todo el mundo como si de verdad hubiera pasado, a mamá le dio un poco de apuro («no vaya a ser que desarrolle la imaginación en exceso y empiece a tener amigos imaginarios») y me contó un secreto: la tortuga María no era de verdad, no había bebido CocaCola ni se había bañado en la jabonera. Yo me reí mucho y fui corriendo a decirles a papá y a Elenita: «Mamá nos gastó una broma a todos; ¡la tortuga María es de plasti!».

viernes, 25 de junio de 2010

Noche de San Juan

La noche de San Juan es la noche más corta del año. Es una noche mágica que en La Coruña, como en casi toda la España costera, se celebra muchísmo... papá dice que «casi como el fin de año». Durante esta noche, se encienden miles de hogueras. En sus orígenes, la finalidad de este rito era dar más fuerza al sol que, a partir de ese día, se debilita y los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno.

Esta noche de San Juan, la abuela Elena, de forma inesperada, les regaló a papá y mamá un par de horitas. Dos horas durante las que se quedaría con nosotras para que ellos pudieran acercarse a la playa a ver las hogueras. Desde casa, mirando en dirección a La Coruña, podía verse todo el humo... Hacía una noche estupenda (los últimos años llovió) y la ciudad estaba de bote en bote. Es una lástima que las fotos no puedan captar y transmitir olores, ¿verdad? Bueno, todo se andará...




jueves, 24 de junio de 2010

C A L O R

Ayer hizo tanto, tanto, pero TANTO calor que en casa no se podía aguantar. Mamá pensó que podíamos pasar un par de horitas a la sombra de un buen árbol del parque, de manera que vino a buscarnos al cole y allá que nos fuimos. Había preparado un bolsón con todo lo necesario: una manta de picnic, la merienda de las dos, bien de agüita fresquita, pañales, cuadernos y pinturas, cuentos de leer, algún cacharrito y cucharas para dar de comer al bebé (esta vez, el osito más pequeño que mamá encontró por casa, porque la bolsa ya estaba reventona).

Mamá tiene algunas manías, bueno, son más bien cosas que prefiere (por favor, por favor) NO hacer. Por ejemplo, en la cocina, no soporta lavar la lechuga. Si hay algo que le horrorice de la faceta maternal es lo de los columpios. Se aburre como una mona esperando al pie del tobogán o empujando el columpio durante horas y horas, si por nosotras fuera. Así que, en esta ocasión, mamá nos medio convenció de que no podíamos ir a los columpios, porque están a pleno sol, y accedimos a sentarnos tranquilitas en la manta. Por si acaso, lo primero que hizo mamá fue quitarnos los zapatos, con la absoluta certeza de que, con lo tiquismiquis que somos las dos en cuanto a pisar sobre «algo raro» (como hierba o arena, mira tú qué raro), no se nos ocurriría echar a correr descalzas hacia el balancín.

Pasamos un rato estupendo. Nos dio tiempo a hacer de todo y a utilizar todo lo que mamá había traído. Merendamos, pintamos, hicimos comiditas para el bebé oso, leímos... Además, jugamos al teatro. La obra era «Cananieves», aunque se trataba de una adaptación de lo más personal. Ensayamos el texto completo algo así como diez o doce veces, cambiando de personajes. Mamá no entiende por qué en esta interpretación de Cananieves sólo hay un enanito, que además se llama Riñón, ni por qué la madrastra intenta dormir a Cananieves atándole una cinta a la cintura primero y, después, colocándole en el pelo una peineta grande... pero bueno, el arte es arte en cualquiera de sus manifestaciones y no hace falta entenderlo, ¿no?




Es una Olivia

No os habíamos dicho que la tía Analita está esperando un bebé. Hace unos días nos enteramos de que es una niña y se va a llamar Olivia. Olivia ya tiene en su cunita, debajo del colchón, su hadita Mela personalizada. Mamá ha aprovechado que su nombre empieza por «o»... Además de una «o», también es la barrigota de Analita, que cada día la tiene más grande y más redonda. ¿Veis el guisantito? ¡Esa es Olivia!


miércoles, 23 de junio de 2010

Tata, tata y tata

Considerando todo lo expuesto en esta entrada de hace unos cuantos días, podéis haceros una idea de los apuros que pasamos mamá y yo cuando Elenita nos pidió sucesivamente una tata, la tata de mamá y mi tata. No conseguíamos saber qué quería y ella se impacientaba. «Pero, Ele, si ya tienes una galleta en la mano... Cómete esa y después te doy otra». Y Ele seguía llorando porque ahora quería esa tata de mariquitas tan bonita... O la tata de Pluto que yo tenía en la mano. ¿No es para volverse loca?


Lale Pepe

Seguro que a estas alturas ya sabéis que el lale (o abuelo) Pepe es un manitas. Sabe hacer muchas cosas... chapucillas y arreglos varios... Se atreve con todo menos con la albañilería... Dice mamá que si hubierais visto el intento-de-caseta-para-Póker que hizo el hijo tierno hace unos veinte años os moriríais de la risa. En fin, que como sabe hacer mil cosas, mamá no hace más que pedirle y pedirle... y el abuelo ¡obedece al instante! Hace algún tiempo, mamá vio una foto en algún blog y se quedó con la copla. No sabemos en qué blog fue porque ya sabéis, un blog te lleva a otro y ese a otro y ese a otro y, al final, no sabes dónde empezaste. La cosa es que le dijo al abuelo que quería esto así y así y, al día siguiente, visto y no visto, el abuelo había hecho eso justo así y así... El pobre ni siquiera sabía para qué servía...

Mamá lo ha pintado y decorado para una habitación de niñas, una de ellas en edad de rosa y de princesas y de más rosa y de más princesas... Y así de bonito nos ha quedado.

¿Que qué es? Pues es una mesita de noche especial. Podemos dejar el vasito de agua dentro y, si nos vence el sueño, colocar el cuento en el tejado para saber por dónde lo hemos dejado. Además, tiene un calendario que mamá ha hecho con papelitos y unos vasitos que le dio la prima Ana el día del bautizo de la prima María (del que muy pronto os hablaremos).

Et voilà! La mesita de noche instalada. Ya sabemos que tenemos una habitación atiborrada de mil y un cachivaches... Es que es muy pequeña; pero no os preocupéis que tiene que llegar el día en que la cuna salga del cuarto... Además, hemos oído que el tamaño de los juguetes disminuye a medida que los niños crecen... El lale Pepe siempre dice que le agobian los cuartos tan llenos de cosas pero bien que contribuye a llenarlos...





Elenita... ¡es un no parar!



Fin de curso...
¡ A L E L U Y A !

El jueves de mañanita celebramos en el cole el final del curso. Era muy temprano, durante el horario escolar, de manera que Elenita no pudo venir. No pasa nada, ya le he enseñado yo las fotos y el vídeo. Tan temprano era que yo todavía estaba un pelín dormida... Aún así, cumplí con mi parte: actué y saludé. Tenemos suerte; papá y mamá normalmente pueden organizarse para venir a estas cosas... No tienen un horario fijo... No tienen que pedir permiso a ningún jefe... Pero el salón de actos estaba hasta la bandera... todos esos papás y mamás ¿habrán tenido que pedir un día de vacaciones?


video

martes, 22 de junio de 2010

Y más Elenita galleguita

Y aquí tenemos algunas fotos de Elenita en plena función. Fue toda una sorpresa que hiciera su aparición estelar en el escenario con el pañuelo en la cabeza... y que le durara ahí, sin moverse ni un milímetro, durante toda la representación. Nosotros fuimos incapaces de ponérselo siquiera... Cuando llegamos al cole y dejamos a Elenita con sus compis, le largamos el pañuelo a la directora y le dijimos: «No quiere ni verlo; intentadlo vosotras». Y se ve (porque se ve) que lo consiguieron.




Una vez que todas las clases hubieron terminado su número (los mayores con bis y todo), salieron en tromba de bambalinas a darse un baño de masas y recibir las consabidas felicitaciones. La crítica fue muy generosa... Mamá parecía la madre de «la Pantoja», dándole a Elenita mil besos con ruido y repitiendo tras cada beso: «pero qué bien lo has hecho, Ele». Le faltaron los «olés» y los «guapaaaa». Jaja.





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