jueves, 29 de septiembre de 2011

Hermanísimas


Qué bonito es tener hermanas, ¿verdad? A nosotras, aunque nos peleemos muuuucho y nos peguemos un poco, nos encanta saber que somos hermanas y que siempre lo seremos. Mamá tiene dos hermanas (y un hermano, el tío Jaime, pero hoy hablamos de ellas). Son la tía Laura y la tía Elena.

Dice mamá que la tía Laura es la cosa más buena del mundo. Y que siempre fue así. Cuando eran pequeños y hacían bandos, la pobre tía Laura solía salir perdiendo. Y aún así seguía siendo un pedazo de pan. Si tenían caramelos, ella prefería comérselos despacito, saboreándolos bien; entonces, los mayores, cuando ya habían terminado los suyos, le pedían y ella no dudaba en compartirlos. De pequeña era muy teatrera. Cantaba y bailaba y se inventaba historias y se disfrazaba... Esta vena de actriz también le ayudó mucho a poner en escena llantos y dolores simulados. «Mamá, es que Cris me ha pegado-o-o-o». Se llevaba las manos a la tripa y fingía que lloraba y lo hacía tan bien que de verdad parecía que iba a quedarse sin respiración y a caerse al suelo redonda. Luego, mientras la abuela regañaba mucho a mamá, la tía Laura sonreía... Un día pasó algo muy extraño: se debió de enfadar tanto, tanto, que decidió escaparse de casa. Cogió un vestido y una braguita, los puso en esa especie de pinza que tenían las bicis BH en la parte de atrás, y pedaleó calle abajo. Allí se quedó un rato, hasta que se le pasó el enfado solo o pensó que ya había vivido demasiadas aventuras, y volvió a casa. A la tía Laura le encantan los niños. No es que ella lo diga, es que se nota. Salvo que tenga un día muuuy malo, es muy tranquila y siempre está de buen humor. Hace un montón de cosas chulas con los primos y a nosotras nos encanta ir a su casa.


Dice mamá que la tía Elena, supone que por ser la pequeña, siempre hizo lo que le vino en gana. Era la gritona de la casa; estaba todo el día gritando. A la tía Ele lo que le gustó desde siempre fueron «los papelitos». Hacía papeles para todo. Escribía, por ejemplo, «he terminado de comer a las 2:48 así que puedo bañarme a las 5:48» (¡tres horas de digestión!) y luego hacía que la abuela firmara ¡cinco copias! También era la comerciante de la familia. El bisabuelo Juan le regaló un puesto de caramelos que hizo él mismo y, cuando mamá y los tíos iban a comprar algo y le señalaban lo que querían, siempre contestaba: «Eso no te lo vendo porque me gusta a mí». Después unió sus vocaciones de «oficinista» y «banquera» y abrió el primer banco Ponte. El sábado temprano despertaba a la casa entera gritando: «¡El banco está abiertooooooo!». Los mayores se levantaban (necesitaban dinero, suponemos) y se encontraban en pijama en medio de una auténtica sucursal bancaria: tenía mesa, teléfono, calculadora... ¡hasta gafas! Y miles y miles de papelitos. Ella les dejaba 25 o 50 ¿pesetas? y el trámite duraba una hora: les explicaba las condiciones de devolución y les hacía firmar mil y un recibos comprometiéndose a devolver el préstamo. Dice mamá que no lo recuerda pero que es muy probable que ese dinero nunca se devolviera... y que por eso volvieran al banco de la tía Ele todos los fines de semana. La tía Ele sigue siendo una gritona pero es súper divertida y se inventa juegos fantásticos. Las primas se lo van a pasar muy bien con una mamá así.


Las tías Elena y Laura siempre compartieron habitación. Mamá, desde su cuarto-de-hija-mayor con escritorio-de-persiana-de-hija-mayor, oía a las tías hablar y hablar y reírse antes de dormirse. Aunque nunca lo reconociera, siempre le dio un poco de envidia... Y ahora, pues un poco más de lo mismo: mamá vive en La Coruña y ellas, aunque ya no duermen en el mismo cuarto, son vecinas puerta con puerta; se ven por la ventana de la cocina y, por las mañanas, después de la ducha, se cruzan en toalla de una casa a otra para pedir prestado un vestido o un par de botas. Ahora mamá lo reconoce abiertamente: «¡Menuda envidia!».

miércoles, 28 de septiembre de 2011

CUMPLE LILA


Hace dos fines de semana por fin celebramos, con unos días de retraso, el cumple de mi hermana Elena, Elenita, Ele, Nana o Ratona, como queráis llamarla. Cada vez que le preguntamos qué le apetecía de regalo, repetía una y mil veces que lo único que le hacía ilusión eran las cosas de color LILA y pegatinas, muchas pegatinas. Pues bien, si eso es lo que quieres, así será. Venían los abuelos y los tíos a merendar a casa así que preparamos una mesa de color LILA: mantel LILA, platos LILAS, vasos LILAS, servilletas LILAS, pajitas LILAS... Hasta la comida era LILA: magdalenas (o cupcakes, si preferís), galletas decoradas...


Los abuelos trajeron la merienda salada y papá y mamá se encargaron de los postres. En este cumple no hubo gusanitos, ni patatas, ni nocilla. Prefirieron que todos tomáramos fruta y en pequerecetas (cómo no) encontraron dos formas muy divertidas y fáciles de comer sandía, melón y plátano: piruletas de flores de sandía y melón y bocaditos de banana split. No hicieron fotos porque tuvieron algún que otro problemilla y finalmente los platos no quedaron igual de bonitos pero mirad qué chulada (de las fotos se deduce perfectamente lo que hay que hacer, pero si aún así queréis conocer la receta, haced clic en cada una de las fotos).



Hubo chocolate (eso sí, menos mal) en forma de tarta y este año, porque ya soy mayor, me dejaron llevarla desde la cocina ¡con la vela encendida!



Reunión de padres con ¡SORPRESAS!

Ayer fue la primera reunión de padres de este curso. Fue mamá porque papá sigue «cojito». Las dos reuniones, la de Elena y la mía, eran a la misma hora, así que podéis imaginaros a mamá pasillo arriba pasillo abajo para poder ir a una y otra, aunque fuera solo un rato. Como es costumbre, los días antes de LA REUNIÓN, en clase trabajamos en algo que después dejamos sobre la mesa para que los papás se lleven de regalo a casa... un premio por ir a la reunión después de un día agotador. En la clase de Elenita mamá encontró un dibujo de un osito amarillo con la letra de la canción Mi osete, que yo ya cantaba sin parar el primer año de cole. Dijo la profe Bego que había incluido la letra de la canción a petición de algún padre que lo había sugerido después de una rabieta de su hijo gritando: «Cántame Mi osete». A mamá esta sugerencia le pareció acertadísima... Ahora podrán cantar la canción todos, aunque lo hagan con otra melodía... Ya estamos viendo a más de uno llorando: «Que así no es...».


En fin, que en mi mesa mamá descubrió un cartelito como esos de los hoteles de No molestar que estamos durmiendo. Le gustó mucho y dice que lo va a poner en nuestra puerta pero POR DENTRO los sábados y domingos, para recordarnos ―justo, justo al abrir el ojo, para que nos lo pensemos antes de bajar de la cama de un salto― que ellos duermen plácidamente y que les gustaría poder seguir durmiendo plácidamente un poquitín más (por favor, por favor). Mamá, tú estás de broma, ¿no?


Y esta mañana, cuando he llegado a clase, en mi mesa ¡había una sorpresa para mí! Pero, ¿y esto? Al principio pensé que había sido un duende o el dragón Chin, pero luego me di cuenta de quién había sido. Mamá también trabajó un rato para hacerme este marcapáginas de corazón y dejarlo en mi mesa para que hoy yo supiera que estuvo sentada en mi sillita viendo todos mis trabajos. Si queréis hacer uno igual, seguid este vídeo. Es posible que tengáis que pararlo varias veces e incluso darle al Rewind pero, aunque parezca un poco complicado, no lo es tanto.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Recuerdos

Mamá y papá tienen muy buena memoria los dos... Muchos acuden a papá cuando tienen alguna duda y casi todos siempre dan por buena su respuesta. «Si Jacobo dice que fue en 1991, es que fue en 1991». Mamá dice que está perdiendo facultades... lo pasa fatal cuando trata de acordarse de algo, aunque sea una tontería que ha surgido en una conversación cualquiera, y no es capaz... puede estar horas dándole vueltas en la cabeza para por fin exclamar (cuando ya nadie se acuerda de la conversación): «¡Sí, hombre, Jack Nicholson!». Entonces respira aliviada. Pero esta es la aplicación práctica. En nuestra memoria almacenamos además experiencias vividas ―bonitas y feas―, olores, sensaciones, caras, miradas, conversaciones... y todo eso conforma el conjunto de nuestros RECUERDOS. Y qué importantes son los recuerdos, ¿verdad? Son nuestro TESORO.

Hoy es el día internacional del Alzheimer y 2011 el año de la investigación en Alzheimer. Mamá cree que no puede haber enfermedad más triste que esta; para el enfermo, que tiene que sufrir muchísimo sintiendo, sin poder hacer nada para remediarlo, cómo los recuerdos de toda una vida se van diluyendo poco a poco hasta desaparecer por completo; y para los que le rodean, que tienen que padecer mucho también viendo, sin poder hacer nada tampoco para remediarlo, cómo su amor, su padre, su madre, su abuelo o su abuela hoy no reconoce sus caras, mañana sus risas, sus voces, sus vidas junto a ellos. Pero hay esperanza. Este año, la Fundación Reina Sofía ha puesto en marcha un proyecto precioso que seguro que habéis visto todos en la televisión:
el Banco de recuerdos. Mamá llevaba algunos meses queriendo saber más y hoy, por fin, además de donar un recuerdo suyo, ha amadrinado el de otra persona.

El Banco funciona muy bien. Para donar tu recuerdo, que es gratuito, puedes elegir un cajón o dejar que te asignen uno aleatoriamente, que es lo que ha hecho mamá. Puedes dejar tu recuerdo en forma de texto, de foto o de vídeo.
Después, ha amadrinado el recuerdo de otra persona. Al principio, mamá ha abierto algunos cajones al azar para ver si alguno de ellos escondía algún recuerdo que la emocionara de una forma especial; tras curiosear en media docena de cajones, ha pensado que por qué un recuerdo iba a ser más importante que otro; todos esos recuerdos están en el Banco por la misma razón: quien lo escribió y lo guardó en ese pequeño cajón no quiere perderlo... olvidarlo. El Banco le ha ofrecido a mamá un recuerdo muy bonito, aunque triste, y con ese se ha quedado. Apadrinar un recuerdo cuesta 1,20 €, importe que se destina íntegramente a la investigación de la enfermedad, y el donativo se puede hacer por SMS. Es muy fácil y hace que te sientas un poquitín mejor. No hay excusa que valga.


Primer día de cole

Por fin vamos juntas al mismo cole. Me hace mucha ilusión enseñarle a Elenita cada rincón de su nuevo hábitat: «Ele, esta es tu clase, la pandereta». «Y este es el baño. Mira qué pequeñito; puedes ir tú sola». «Aquí está el patio del tren, que es el mejor de todos». A Ele le ha encantado todo. No ha llorado ni un solo día de la primera semana. Nos han dicho que se lo come (casi) todo. Que efectivamente va al baño sola. Que no llama a mamá. El primer día dijo: «Mamá, he llorado un poco porque se me salió el zapato, pero no te llamé».

Yo, por mi parte, igual de bien que siempre. Ya tengo ganas de empezar el trabajo duro. Esta semana hemos repasado los números que aprendimos el año pasado y pronto empezaremos con cosas nuevas. Dice mamá que ya me recordará estas ansias mías de aprender y estudiar cuando tenga 15 años y, para conseguir que haga los deberes y se los envíe al profesor virtual con mi ordenador holográfico Santillana, tenga que atarme a la silla y amenazarme con quitarme el iPhone 25.


martes, 20 de septiembre de 2011

Mamás sensibleras del mundo, LLORAD



¡Cachis! Porque tenemos el horno roto que si no...

viernes, 16 de septiembre de 2011

Eche usted, padrino...

no se lo gaste en vino;
eche, eche, eche,
no se lo gaste en leche

Esto se canta en casa de mamá en todos los bautizos desde tiempos inmemoriales. En casa de los abuelos Pepe y Lola se han celebrado muchos bautizos; no solo los nuestros, sus nietines del alma, sino también los bautizos de sus sobrinos más pequeños. Al son de esta cancioncilla, los padrinos «echan» caramelos y más caramelos, que los asistentes más menudos se apresuran a recoger. Mamá tiene grabada a fuego en la memoria la primera vez que, como madrina de Lucía, su prima pequeña y primera ahijadita, se encaramó a la terraza para tirar puñados y más puñados de caramelos. Dice que nunca vio una bolsa de caramelos más grande. ¿Cómo que bolsa? ¡Saco! En casa Ponte, es obligación y honor del padrino y la madrina del nuevo bebé endulzar la tarde a grandes y pequeños.

Este verano, mamá ha tenido el privilegio de amadrinar a la prima Laura, que será ―casi con toda seguridad― su última ahijada. Pero esta vez le apetecía hacer algo más que tirar toneladas de sugus desde el tejado. Además, pensando un poco en los niños como nosotras, que somos más bien torponas y que cada vez que hay una piñata salimos tambaleándonos del enjambre de niños, sin un mísero caramelo y llorando porque nos han pisado, decidió hacer algo más tranquilito y ordenado. Un buffet de dulces... un candy bar lo llaman ahora. Con la ayuda de las tías Laura y Elena, hicieron flores y brochetas y prepararon una maceta llena de chuches para cada uno de nosotros; rosa para las niñas, verde para los niños, cada una con su nombre y todas con lo mismo, para que no haya peleas. Quedó así de bonito.

Elenita no se separó de la mesa dulce en toda la tarde... Alargaba la mano y, sin dejar de mirar a mamá, decía: «Una y ya, ¿vale?». Y así, hasta mil o dos mil veces.

A la tía Ele no se le ocurrió nada que la madrina pudiera regalarle a Laurita así que mamá le hizo esta muñeca personalizada, que la tía le estaba pidiendo desde hacía un tiempo.




jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Fiesta de fin de curso?

¿A estas alturas?

Pues sí; y es que tenemos un montón de cosas pendientes... todo el verano, que ha sido laaargo... eterno. Elenita decía adiós a la guarde para siempre y se despidió por todo lo alto, a bombo y platillo. Tocó la banda del circo, acompañada de sus majorettes, que bailaban y bailaban por todo el escenario. Elenita no dejó de sonreír. ¡Cómo disfrutó!

Hoy es el cumple de Ele pero no hemos podido hacer nada especial porque han tenido que operar a papá, que se hizo mucho daño en una pierna jugando al fútbol. Mañana ya vuelve a casita, con una tirita muy grande. ¡FELICIDADES, NANA!






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