lunes, 4 de junio de 2012

7 años como 7 soles

Un día como hoy igual de soleado y bonito, hace siete añazos, papá y mamá se vistieron muy guapos y se dijeron delante de todas las personas que les importan que querían hacerse viejitos juntos, hacer de su casa (cualquier casa) un hogar cálido al que quisieran regresar cada noche y del que no quisieran salir nunca, tener una Lola y una Elena y disfrutar de ellas a cada paso del camino y quererlas y darles todo lo bueno que les dieron a ellos los abuelos... Con muy poquitas palabras se prometieron ser cualquier cosa menos amigos, disfrutar juntos de todo aquello que hicieran, hablar hasta las mil sentados en unas escaleras sin importarles el mañana, cenar avellanas, dormir abrazados, tener un sofá rosa de cualquier color... TODA LA VIDA.



Siete años más tarde, papá está en París ¡en París, mon amour! el día de su aniversario... solito. Se fue ayer por la tarde; tenía que trabajar y mamá no ha podido acompañarle finalmente... Desde casita, mamá quiere decirle que todas estas promesas siguen en pie, que son vitalicias y que, aunque en ocasiones las fuerzas flaqueen, intentará no faltar a ninguna de ellas y cenar avellanas en el sofá rosa siempre que él quiera. 

Mamá lleva un rato mirando las fotos de la boda para elegir una que poner aquí, como cada año... Se nota que lo pasaron bien ese día... Lo hicieron todo como ellos quisieron... ¡hasta las lecturas de la iglesia! Un pasaje de El principito y este cuento precioso de R. Tagore:

Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello negro, largo, como hebras brillantes salidas de su rueca. El iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un pellizco de tabaco.


Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además, ¿con qué dinero?


Una idea cruzó su mente. Sintió el escalofrió al pensarlo, pero al decidirse todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco. Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante.


Sólo obtuvo por su pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.


Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer, que acababa de comprar, tras vender su pipa.



4 comentarios:

  1. felicidades, me encanta el vestido!! tal cual para ti no??

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias!!! A mí me enamoró en cuanto lo vi y no tardé en decidirme, aunque luego tuve un poco de miedo de que fuera demasiado... demasiado naranja, demasiado «grande», demasiado ¿atrevido?... Pero todo el mundo me dijo que ¡era mi vestido!!!
      Ay, qué recuerdos...
      Besos

      Eliminar
  2. Me ha encantado esta lectura de R.tagore tan bonita que escogisteis el día de vuestra, para ponerse a llorar y no parar...
    Me pregunto si me puedes decir a que libro pertenece ya que me gustaría leerlo.
    Aprovecho para comentarte que me encanta como escribes y enhorabuena por este blog.
    Te dejo mi dirección e-mail: morenaallegue@hotmail.com

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues la verdad es que oímos la historia en la radio un día y después la buscamos en Internet... no sé decirte a qué libro pertenece. Lo siento y gracias!!!

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...